
2-) Su éxito es inevitable
3-) El año del Jubileo
4-) Es usted quien hace la obra.
5-) No desprecie su fe
6-) El encuentro con Dios
7-) ¿Dónde está Dios, mi Hacedor?
8-) Simplemente una enfermedad


Para nosotros hay muchas lecciones en el relato de la cura de una cierta mujer cuando Jesús ministraba la Palabra en una sinagoga, conforme está registrado en el Evangelio de San Lucas. El sufrimiento de aquella señora nos sirve de espejo para que veamos lo que sucede con las personas que, a pesar de religiosas, viven apartadas del amor de Dios, de la realidad espiritual y debajo del yugo esclavizante del enemigo. Ella poseía un espíritu de enfermedad, estaba en una prisión, y todo eso por orden directa de Satanás, que ejercía un dominio sobre ella. Al recibir la Palabra de la Verdad y colocarse delante del Señor, entretanto, su mal se volvió simplemente una enfermedad de fácil cura para el Señor Jesús. Estoy seguro que las lecciones que veremos en este estudio, evidentemente ayudarán a todos los lectores a que tomen una posición en el sentido de librarse de cualquier herida que los esté afligiendo.
Enseñaba Jesús en una sinagoga en sábado, y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: -Mujer, eres libre de tu enfermedad. Puso las manos sobre ella, y ella se enderezó al momento y glorificaba a Dios. Pero el alto dignatario de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiera sanado en sábado, dijo a la gente: -Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en sábado. Entonces el Señor le respondió y dijo: -Hipócrita!, ¿no desatáis vosotros vuestro buey o vuestro asno del pesebre y lo lleváis a beber en sábado? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en sábado? San Lucas 13.10-16
Enseñaba en sábado – Jesús eligió el día de descanso de los judíos para mostrarle al pueblo lo que estaba por detrás de los sufrimientos.
Desgraciadamente, aún hoy, Su enseñanza no fue asimilada. Algunos ni siquiera intentan identificar la importancia de lo que el Maestro ministró ese día, con el fin de que pudiésemos vivir mejor, agradando al Señor. El hecho de no haberse dicho en cual sinagoga sucedió el episodio, es una prueba de que el lugar no importa, pero sí lo que se ministró allí.
La lección dada por Jesús debió ser sobre la causa del sufrimiento, pues eso hizo que la señora que recibió el milagro fuese iluminada y vista por el Señor. La verdad es que la humanidad es como un hormiguero en las tinieblas, las personas andan de un lado para el otro, buscando mejores condiciones de vida, un tratamiento para sus males, lugares que más le agradan para vivir, nuevas amistades, etc.
En esa búsqueda por paz, alegría y satisfacción, muchos se entregan a los vicios, a la prostitución, a la deshonestidad y a diversos medios ilícitos que surgen como la solución para los problemas del día a día; pero la real felicidad sólo se encuentra con el Príncipe de la paz.
Cuando Jesús mostró que por detrás de toda anormalidad existe un espíritu de enfermedad y que solamente Él, el Mesías, poseía poder por sobre los espíritus malignos, la mujer no solamente descubrió la causa de su desdicha, sino que también entendió que estaba delante del que podía darle la solución. Al aprender, ella se iluminó, al iluminarse, el Señor puede verla; en otras palabras, Él vio que el camino estaba abierto para poder obrar en esa vida. Es necesario abrir el camino para que el Señor obre en nuestra vida. Como Juan el Bautista, debemos preparar el camino del Señor.
Lo que hacía el espíritu de enfermedad – Ella se encorvaba cada día más. Cualquier especialista hubiera dicho que el problema de la mujer era una vértebra fuera del lugar, alguna hernia o cualquier otro mal, y desde el punto de vista científico, ellos hasta podrían estar en lo cierto; pero la Palabra dice que era un demonio que tenía los pies sobre su cuello, haciéndola que se encorve cada días más. San Lucas, el escritor sagrado que era médico, dice que de ningún modo ella podía enderezarse. Esto nos recuerda a algunas personas que conocemos: cada día se encorvan más pero en el error y no consiguen de ninguna manera librarse de sus sufrimientos. Cuando un demonio tiene dominio sobre alguna área de nuestro cuerpo o de nuestro ser, esa parte queda bajo su nefasta acción, y de un momento para otro, o poco a poco, la persona va tomando la forma que le fue diseñada en el infierno.
Ciertamente, el Señor Dios no concibió que ninguna persona esté deformada tanto física como moralmente. Para reparar situaciones como esa, Él nos llamó para predicar el Evangelio. Nosotros no debemos, bajo ninguna hipótesis, manifestar que alguien es irrecuperable o que algún problema es irresoluble, pues Jesús dice que el que cree en Él, aunque esté muerto – en un estado en que, humanamente hablando, nada más se pueda hacer – vivirá. Nuestra misión siempre debe ser la de predicar y usar el poder del Señor para solucionar los casos más difíciles.
Jesús la llamó – Allí estaba una mujer en la que habitaba un espíritu de enfermedad, pero Jesús la vio y la llamó para que se le acerque. ¡Que imagen más linda! Aún hoy, debemos llevar y acercarlos al Señor a todos los que son tomados por cualquier espíritu. Sólo el Señor Jesús puede librar al que está oprimido por las fuerzas de las tinieblas. Él no desea solamente tener a su lado al que vive subyugado por las fuerzas infernales, sólo quiere darles a estos la plena liberación. Delante del Señor, esos poderes pierden fuerza y capacidad de reacción, y los cautivos son liberados.
Es interesante notar que el Señor no hace cualquier oración por ella, tampoco pidió que los presentes oren para que ella sea libre del mal. Él tampoco encomendó que hiciese alguna penitencia o sacrificio, mas, simplemente declaró que ella estaba libre de la enfermedad. Al ver que sucedió el milagro, el líder de la sinagoga se enfureció. Como no podía negar que aquella señora había sido curada, él se irritó e intimó a las personas a que no busquen ser curadas los sábados, pero sí, en los demás días de la semana (¡Como si allí las maravillas ocurrieran siempre!). Entonces Jesús realizó algunas revelaciones sobre lo que de hecho ocurría con aquella señora que fue curada.
Posteriormente nos enteramos de que era un espíritu de enfermedad que la poseía. En el versículo 16, Jesús hace dos revelaciones: ella era hija de Abraham y estaba atada. Al decir que ella era hija de Abraham el Señor estaba reprendiendo a las personas que piensan y enseñan que quien está oprimido, por algún espíritu, no pertenece al pueblo de Dios. Esa mujer estaba inscrita en el Cielo como miembro de la familia de Dios, siendo Abraham el padre de la fe.
Al revelar que ella estaba atada, el Maestro mostraba la necesidad de ayuda, pues el que está atado no consigue desatarse por si mismo; solamente alguien con autoridad puede poner en libertad a los prisioneros. Estando cautiva, esa persona no tiene poder sobre sus movimientos y decisiones, pues esta bajo la acción de una fuerza infernal.
Agentes infernales – En ese episodio bíblico, el Señor Jesús afirmó que era el mismo Satanás el que la prendía. Eso trae una revelación más profunda que necesita estudiarse: Satanás tiene un reino y tiene agentes que lo obedecen, con el auxilio de los cuales, consigue agarrar hasta a los hijos de Abraham. Su reino es organizado, pues, si así no fuera, no se mantendría: De igual manera, si Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? Os digo esto ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios (Lc 11.18). Un reino no se compone solamente de un rey; sabemos que un tercio de los ángeles cayeron con Lucifer y lo siguen. Ellos son los agentes que el archienemigo de la humanidad tiene a su disposición para realizar sus terribles obras en medio de la humanidad.
Para que entendamos mejor como trabaja el reino del mal, pensemos en los gobiernos que existen en el mundo. Un país, para invadir a otro, no sale con su ejército y sin más ni menos entra en ese territorio y realiza su voluntad. ¡No! Primero, envían a los espías que hacen un análisis de la capacidad de reacción del país a ser invadido, son rastreados y estudiados los puntos fuertes y débiles, los ríos, los puentes, la localización de los cuarteles y su fuerza, la región en donde viven las personas, los aeropuertos, la capacidad de su fuerza aérea y así en adelante. Después de varios estudios, la nación invasora, de algún modo intenta causar un descontento en los ciudadanos, poniéndolos en contra de las autoridades constituidas; a continuación, se emiten declaraciones contrarias a los gobernantes del país a ser invadido a través personas de alto escalafón del país invasor. Muchas veces, con el propósito de preparar el terreno para la invasión, por pura provocación o para medir la capacidad de reacción. El espacio aéreo, el mar territorial y otros más son violados.
Como reino organizado, el infierno obra de la misma manera. A modo de ejemplo podemos hablar de un caso de infidelidad conyugal, en donde un cónyuge comete adulterio. La cosa no comienza del día para la noche. La obra maligna comienza con un enfriamiento, enfados o con algunas tonterías que provocan discusiones. En el trabajo alguien cuenta una historia sobre alguna cosa desagradable que le sucedió a otra pareja, y la semilla maligna es sembrada. En una charla familiar, se comenta otro caso, y se siembra otra semilla. Después, al ver una película, se siembra otra semilla; hasta el pastor que no veló, en uno de sus “sermones”, un día también puede ser usado para sembrar otra palabra maligna. A continuación los cónyuges su vuelven fríos en la fe, no oran ni leen más la Biblia; pasan a ser influenciados por la sensualidad que ven en la TV, por fotos eróticas exhibidas en las revistas, etc. y, charlando con los amigos, el diablo consigue colocar más semillitas en sus corazones. Hasta que un día, comienzan a ceder. Al principio, no pasa todo de una “amistad”, después la cosa evoluciona y alcanza el pecado. A veces, la parte que está equivocada siente el toque del Espíritu Santo y cae en llanto, pidiéndole a Él no deje que suceda nunca más eso; entretanto, apenas siente paz en el corazón, vuelve a permitir algunas tentaciones o pensamientos como: “Si me quedo viudo, yo me caso con aquella persona… Porqué no la conocí estando soltero”, etc.
Los agentes del reino infernal son pacientes, ellos fueron adoctrinados en la perseverancia. Ellos saben que la semilla sembrada en los corazones, tarde o temprano, rendirá su fruto. El que fue tentado y cayó, no fue lo bastante sincero con el Señor, no Le expuso lo que pasaba en su corazón y no Le pidió que sacase tales cosas de su vida; entonces, llegó el día y un hogar más se deshizo.
¿Qué cosas pasaron por su vida? Si hay algo que la Palabra de Dios condena, desásgase de eso lo más rápido posible. Usted esta siendo tentado por las fuerzas del infierno, las cuales obedecen a su gran jefe y trabajan para llevarlo a la destrucción eterna.
Abra sus ojos ahora mismo, y huya de toda la embestida satánica. Si usted cede, estará atado, y así, Satanás lo mantendrá. Su voluntad será de él y Satanás lo dominará como quiera, haciendo de usted otra víctima. Esto vale para cualquier otra tentación.
Una paradoja – La mujer curada por el Señor tenía un espíritu de enfermedad, estaba en una prisión en donde Satanás la mantenía presa. La persona que está lejos de Jesús vive en una realidad dura y dolorosa: el jefe de los infiernos la domina y la hace sufrir. Eso que para ella es amenazador y amedrentador, para nosotros que somos de Jesús, es la cosa más fácil de lidiar. La mujer en cuestión, lejos de Jesús, vivía con ese demonio que actuaba en su vida, en una prisión espiritual, la cual era comandaba por el jefe de la confusión. Pero cuando escuchó la Palabra de Dios y aceptó la invitación de Jesús, escuchó del Maravilloso Señor que todo eso era solamente una enfermedad, una debilidad; y más: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Sólo de bastó oír la Palabra y creer en la invitación del Señor para que estuviese libre.
No importa cuanto lo ha hecho sufrir el enemigo. Su clase de sufrimiento, sea cual fuere, no es nada más que un plan diabólico que tendrá éxito hasta que usted escuche la Palabra. Ahora acepte la invitación del Señor Jesús, camine hacia Él y sea libre de su enfermedad – debilidad. Como ministro de Dios, yo digo: sea libre, en Nombre del Señor Jesús. Puede parecer una paradoja, pero lo que parecía fuerte y dominaba a esa señora, en la presencia de Jesús, se volvió tan débil, que no puede mantenerse como su dominador, como lo hiciera durante 18 años.
En cuanto a usted, estimado lector, le digo: todo lo que tiene que hacer es creer y manifestar su liberación. Dios me usó en este artículo para colocarlo delante del Señor y en esa condición usted ya está libre.
Sea una bendición.
En Cristo, con amor,
Misionero R. R. Soares
Fuente: www.ongrace.com


Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”.(Gn. 28:16)
La historia de Jacob tiene mucho que ver con la del cristiano. Él no era el primogénito, aquel que naturalmente heredaría la bendición. Pero, así que nació, ya tenía su mano agarrada en el talón de su hermano gemelo. Por eso es llamado por muchos de engañador, lo que es un error. Jacob fue más noble que su hermano y conquistó el lugar privilegiado de patriarca del pueblo escogido y de ancestral de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Examinando las Sagradas Escrituras, con ayuda del Espíritu Santo, vemos que los acontecimientos en la vida de este hombre tienen que ver con la voluntad de Dios. El mayor tendría que servir al menor.
La conquista de la bendición - Quien es carnal siempre perderá, pues la inclinación de la carne es la muerte. Esaú no se preocupaba por las cosas de Dios. Dice la Biblia que él era del campo - hombre valiente y cazador, sin embargo, rudo. Jacob, al contrario de su hermano, vivía en tiendas, tranquilo, contemplativo y simple, pero, al mismo tiempo, interesado en las cosas espirituales. Él era una persona que esperaba en Dios. ¡Quién espera en el Señor siempre vence!
Esaú, luego, se buscó dos esposas heteas que fueron una amargura de espíritu para sus padres. Jacob decidió esperar en Dios. Cierto día, Esaú llegó del campo con hambre y vio que Jacob había preparado un guisado de lentejas. Entonces, le dijo, a su hermano que lo dejara comer de ese guisado. Jacob negoció y consiguió de Esaú la promesa de cambiar su derecho a la primogenitura por ese guisado. Más tarde Rebeca, su madre, insistió para que Jacob tome posesión de lo que, lícitamente había conquistado, haciéndolo vestirse con las ropas de su hermano para recibir la bendición de su padre, Isaac. Yo ya escuché decir a personas famosas que él robó la bendición del hermano, o que lo engañó. Yo estoy de acuerdo, porque el propio Isaac le dijo a Esaú:Tu hermano vino con engaño y se llevó tu bendición. (Gn. 27:35)
La importancia de la obediencia - Cierto día, Isaac le dijo a Jacob que fuera a la tierra de los parientes de su madre. Allá, él debería conseguir una esposa (Gn. 28:12). Él rápidamente obedeció. La obediencia es uno de los requisitos básicos para el que quiere agradar a Dios. En ella hay una gran recompensa. Las orientaciones del Señor deben ser obedecidas y nunca despreciarlas o cuestionarlas.
Mientras iba a Padan-Aram donde fue enviado por su padre, Jacob tuvo un encuentro con el Señor que cambió su vida. El Señor le prometió que lo acompañaría y que haría de él una persona bendita, así como hizo de su padre Isaac y de Abraham, su abuelo.
La decisión correcta - Durante su caminada, Jacob llegó a un cierto lugar. Ya estaba anocheciendo. Él se detuvo, escogió una piedra, la puso como cabecera, y se acostó en ese lugar. Al dormir, soñó que veía una escalera puesta en la tierra y cuya parte superior alcanzaba al cielo, en la que los ángeles de Dios subían y bajaban. (Gn. 28:12)
Como ya dije, la trayectoria de Jacob tipifica la nuestra. Mientras es día, debemos caminar; o sea, mientras nos estánrevelando la Palabra, es necesario continuar, tomar decisiones. Pero, cuando la noche cae (las revelaciones cesan), es necesario detenerse y no dar ni un paso más; en otras palabras, nosotros no debemos tomar decisiones hasta que el sol (la Palabra) brille de nuevo (se revele). La vida natural se parece mucho a la vida espiritual.
Él escogió una piedra, la que más le agradó e hizo de ella una cabecera. Eso nos enseña que debemos escoger una de las promesas que Él nos hizo y poner en ella nuestra fe. Mientras dormía, el Señor le dio una revelación a Jacob y le hizo de nuevo la promesa que les había hecho a sus padres. Cuando se despertó, él tomó la piedra que le había servido de cabecera, derramó sobre ella aceite e hizo de ella la columna de la casa de Dios. Ese hecho nos revela una buena lección: nosotros debemos asumir la promesa que el Señor usó más para hablarnos, poner en ella nuestra unción, y volverla en nuestra plataforma de vida y columna de nuestro ministerio.
En 1984, después que pasé más de dos años sufriendo con un resfriado, o rinitis alérgica, el Señor me permitió conocer, mientras leía el libro El Nombre de Jesús, de Kenneth Hagin, la doctrina de la fe real que yo llamo de la determinación. La revelación iluminó mi corazón y me abrió la comprensión por dos pasajes bíblicos que yo ya sabía de memoria, pero que no había entendido bien. El primeroestá en San Juan 14:13, en que se lee: Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.En un abrir y cerrar de ojos, me di cuenta en donde estaba errando. Hagin escribió que la palabra pidáis fue mal traducida. Este verbo, en el griego, quiere decir exigir, determinar. Desde entonces supe que no era más necesario pedir mi cura, sino determinarla, o exigirla.El segundo pasaje está en San Marcos 11:22-23: Respondiendo Jesús, les dijo: -Tened fe en Dios. De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate en el mar”, y no duda en su corazón, sino que cree que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Sólo era seguir las orientaciones. Y fue lo que yo hice.
Sería una completa locura de mi parte, si despreciara la piedra (la revelación) y continuara orando al Señor para que me diera una nueva revelación. Esta piedra que el Señor me había acabado de dar, era como la puerta del cielo. Al exigir lo que aprendí, mi resfriado acabó completamente. Todo lo que yo hice fue poner sobre la piedra mi unción - mi comprensión. Desde entonces, esa "puertita", que es la revelación, me está ayudando a entrar por la Puerta (Sl. 100), que es el Señor Jesús y asumir todo lo que me pertenece en Cristo. Nuestro encuentro con Dios ocurre en la revelación de la Palabra que Él permite que tengamos. Es en la revelación de la Palabra que el Señor está.
Misionero R. R. Soares
Fuente: www.ongrace.com

La fe, es uno de los asuntos más mal entendidos entre las personas. Ni siquiera los mismos predicadores saben lo que es la fe. Una vez estaba reunido con algunos pastores y les dije que me definieran lo que es la fe. Ellos se callaron. Como yo insistí con la pregunta, uno de ellos se aventuró y me dijo: “fe es cuando uno cree mucho”, cosa que no es verdad.
Los diccionarios no consiguen explicar lo que es la fe. Para los eruditos, es sinónimo de creencia, por ejemplo: fe bautista, fe católica, fe budista, fe musulmana, etc.
Sólo hay dos explicaciones para la fe. Ellas están escritas en Hebreos 11:1 donde dice: “La fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven”.
Aquí tenemos, entonces, el significado de la fe. Primero, ella es una seguridad, es la constancia que viene a nuestro corazón cuando oímos la Palabra de Dios. Segundo, ella es la prueba (el documento) de lo que no se ve. La persona que recibe la fe está segura de que lo que Dios le prometió ya le pertenece y, al mismo tiempo, esta seguridad le da condiciones de confesar que ya tiene la bendición, porque ella es la prueba - el documento de propiedad de la bendición.
No se adquiere fe orando, ni se transmite de persona a persona. Dice la Santa Biblia que ella viene a nuestro espíritu cuando oímos a la Palabra de Dios: “Por esto, la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo”. (Rm. 10:17)
La importancia de la fe - Ella es de vital importancia. Sin ella, nadie conseguirá ninguna bendición. Es como un camino que abrimos para que el Señor venga a trabajar en nuestras vidas: “Y sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan”. (Hb. 11:6)
La fe es su suerte, su vida. Nunca la desprecie. Cuando alguien predica la Palabra, o lee la Biblia, este muy atento, porque es en ese momento que el Señor habla al corazón. Aquello que Dios le muestra a través de la Palabra, la revelación que hace con que se sienta poderoso, la seguridad de que cierta bendición es suya; es lo que necesita para tomar posesión y ser victorioso. Sin esa seguridad, es en vano entrar en la batalla, pensando que vencerá y que, de alguna forma, Dios le ayudará. Pero, si la tiene en su corazón, ya puede confesar la victoria.
El ejemplo de Abraham - Muy joven, el Señor lo llamó para salir de su tierra e ir a otra que le mostraría: Entonces Jehová dijo a Abram: "Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Yo haré de ti una gran nación. Te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Gn. 12:1-2). Confiando en el Señor, él salió, con su joven y hermosa mujer y peregrinó en Canaán como si fuera tierra extraña. Pero él tenía un problema: su mujer era estéril. Sin embargo, el Señor le había dicho que de él haría una gran nación.
Los años se fueron pasando y Dios todavía no había curado a su esposa. Un día, en un cierto reino, pasó una cosa: Abraham casi perdió a Sara. Con la intervención del Señor, ella le fue devuelta y el rey de ese pueblo le dijo que todas las mujeres del reino estaban estériles. Abraham rogó al Señor por ese pueblo y Dios curó a todas las mujeres, pero la suya continuaba estéril. Con la actitud de un verdadero siervo de Dios, él no murmuró, continuó creyendo en Dios.
El tiempo se pasaba y la promesa no se cumplía. Él estaba con 86 años y Sara con 76. Humanamente hablando, era imposible que sean padres. Sara tuvo una debilidad y le dijo a Abraham que tenga un hijo con Agar, su sierva, (hoy conocido como madre en alquiler). Sara prometió que aceptaría al hijo de Agar como si fuese de ella. Abraham aceptó y, entonces, nació Ismael, que le dio mucho orgullo. Pero el Señor le dijo que este no sería el heredero de la promesa, sino, quien nacería de Sara.
Abraham estaba con 99 años y Sara con 89. Del punto de vista humano, era completamente imposible que les naciera un hijo. El Señor visitó a Abraham de nuevo y le dijo: “Abram tenía 99 años cuando Jehová se le apareció y le dijo: -Yo soy el Dios Todopoderoso; camina delante de mí y sé perfecto”. (Gn. 17:1). En otras palabras, el Señor le dijo: “Yo no tengo problemas. Si todavía no cumplí la promesa es por tu causa. Yo soy el Dios Todo Poderoso - El que todo lo puede. Sé correcto en la vida. Anda en mi presencia, sé perfecto y yo haré la obra”.
Abraham creyó en estas Palabras y una felicidad indescriptible tomó cuenta de él: Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió diciendo en su corazón: “¿A un hombre de 100 años le ha de nacer un hijo? ¿Y Sara, ya de 90 años, ha de dar a luz?” (Gn. 17:17). Y el Señor cumplió Su promesa.
¿Qué fue lo que hizo para que Dios cumpla Su promesa? Fue la actitud de Abraham. Él creyó lo que el Señor le había dicho y no permitió que el diablo anule la fe que había en su corazón. Sin debilitarse en la fe, él tuvo muy en cuenta su cuerpo ya muerto (pues tenía casi cien años) y la matriz muerta de Sara. Pero no dudó de la promesa de Dios por falta de fe. Al contrario, fue fortalecido en su fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios, quien había prometido, era poderoso para hacerlo. (Rm. 4:19-21)
Examinando la actitud de Abraham, vemos que tenemos mucho que aprender, desde el momento en que nosotros recibimos la fe hasta cuando el milagro ocurre:
1° - Él no se debilitó en la fe.
2º - Él tuvo muy en cuenta su cuerpo ya muerto y la matriz muerta de Sara.
3° - Pero no dudó de la promesa de Dios
4º - Fue fortalecido en su fe, dando gloria a Dios,
5º - Estaba plenamente convencido de que Dios era poderoso para hacer lo que había prometido.
En otras palabras: él no desechó la fe. Él se estableció en ella y pudo, de esa manera, permitir que el Señor cumpla en la vida de ellos lo que había prometido.
Su participación es importante - Cuando usted oiga la Palabra de Dios, no deseche la fe que viene a su corazón. Ella es como un ministerio y siempre será un desafío. Ella es parte de Él en su vida. Con fe, usted vencerá. En otras palabras, ella es lo que Dios hará por usted y es lo que usted también quiere que haga. En el día del juicio, usted prestará cuenta de la fe que el Señor puso en su corazón.
Misionero RR Soares
Fuente: www.ongrace.com